¿Quién pinta estas telas que he visto en las bodas más cool?
Ane Adán y Diego Malcorra viven y conviven, y a veces, además, trabajan juntos. Artistas de profesión y corazón tienen magia en sus pinceles. Responsables junto con el estudio de dirección creativa y organización de eventos Octubre Studio de parte de la estética de las bodas más cool del momento, son los que idean, pintan y despliegan por encargo telares oníricos de varios metros en los que cualquiera, no únicamente los novios, querría envolverse.
El primer encargo para Ane y Diego fue (casi) una casualidad, y la acción que comenzó a principios de año como una anécdota ya ha cogido fuerza como proyecto; viendo lo que hacen, era inevitable que pasara.
«Todo empezó a raíz de un trabajo para un evento de Casilda se casa con Castañer para el que Octubre Studio nos propuso pintar unos telares de 4 x 4 metros para utilizar como parte de la decoración de una mesa y de unos bancos, con un motivo floral», explica. En esa ocasión no había novios de por medio, pero tuvieron que hacerlo en tiempo récord y trabajar con unas dimensiones especialmente grandes que supusieron un reto. Superada la prueba, empezaron en serio con el juego.
La locura que supone ver una de estas telas colgando entre dos árboles como una sábana que se seca al sol es especialmente atractiva. Y no hay que ser un esteta para acercarse a mirar, tocar, fotografiar.
«Normalmente, cuando el proyecto llega a través de Octubre Studio, son Laura y Lorea quienes hablan directamente con las parejas y conocen sus gustos, el concepto de la boda, el espacio y todo lo que quieren transmitir. Nosotros recibimos esa idea y la llevamos al terreno artístico. Intentamos entender muy bien el entorno en el que va a estar la obra, porque todo influye. Muchas veces los novios dejan completamente en nuestras manos la creación artística, algo que valoramos muchísimo», cuenta Ane.
La manera de trabajar de Ane y Diego es bastante única, y como admiten, «poder vivir todo el proceso juntos hace que tenga un significado especial».
Localizada la tela adecuada, muchas veces de dimensiones enormes, preparado el material y adaptado el taller para poder trabajar sobre superficies de esas características, comienza todo el proceso de pintura, que puede durar días o incluso semanas dependiendo del tamaño y de la complejidad de la pieza.
Ambos tienen puntos de vista diferentes dentro de la pintura, cada uno tiene su manera de mirar y de entender el color, pero esas diferencias terminan uniéndose en estos cuadros gigantes e inesperados. «No buscamos pintar exactamente de la misma manera. Cada uno empieza por un extremo y acabamos en el centro. Creemos que precisamente esa diferencia es lo que hace que el resultado sea interesante».