Casilda se casa

La boda de Miriam y Fernando en Madrid

Miriam y Fernando se conocieron en la celebración de cumpleaños de dos de sus mejores amigos, que cumplen el mismo día. Seis años después y una hija en común, se casaron en Madrid.

Miriam se preparó con una bata hecha a medida de Baudesson que le regalaron sus amigas de la universidad: «Construir esta pieza fue un proceso muy bonito porque los puños estaban confeccionados con diferentes telas y encajes de mi abuela. El camisón también era de ella».

«Todas las joyas giraban entorno al anillo de compromiso que me regaló Fer, diseñado por él y un íntimo amigo suyo joyero. Mis suegros también me regalaron por la pedida los pendientes a juego, hechos con el mismo equipo de FMF Joyero 1950. El chocker fue un hallazgo en Vintage By López-Linares y un regalo muy especial de mi testigo principal, mi prima Irene».

Del maquillaje y peluquería se encargó Natalia Amable de Oui Novias.

Los zapatos, hechos a medida en Calzados Manuel Sánchez, fueron un regalo de la madrina de Miriam.

«Conocí a From Lista With Love a través de unas amigas y en cuanto hablé con Macarena supe que les iba a encargar a ellos mi vestido de novia. Durante el proceso han sabido guiar mis ideas hasta llegar a un vestido con el que me sentía cómoda y representaba mi forma de ser. El abrigo era más bohemio y romántico y el vestido, de satén con espalda asimétrica, más desenfadado y divertido para la fiesta. Me sentí como en casa y cada cita se convirtió en un momento especial que mi madre, mi hermana y yo esperábamos con ilusión».

«No tenía muy claro si quería llevar ramo, así que Macarena y Javier me recomendaron ir a La Fioreria. Me encantó la forma que Paz tuvo de entenderme y, cinco minutos después de conocerme, me propuso una idea de ramo que me conquistó por completo. Dejarlo en sus manos me tranquilizó mucho y, de repente, el ramo pasó a ser algo que me ilusionaba muchísimo».

Fernando llevó un chaque de Silbon, corbata de Lester, camisa hecha a medida de Delacruz y zapatos de Meermin. Lo combinó con un reloj de Breitling que le regalaron en la pedida y unos gemelos y un pañuelo personalizados que le regaló Miriam.

La ceremonia tuvo lugar en la Iglesia Catedral de las Fuerzas Armadas, un recuerdo al abuelo de Fernando que fue militar.

Del coro se encargó el Grupo Alborada.

© Ewwati

La celebración fue en la Finca Prados Moros, una finca en la sierra de Madrid que los novios encontraron gracias a la madre de Miriam: «Nos apetecía encontrar un espacio diferente y su invernadero y el lago a los pies de la cruz del valle nos gustó muchísimo».

De la decoración y las flores se encargó el equipo de Prados Moros.

«Las invitaciones las hizo nuestra amiga Andrea de Andrea´s World combinando un formato tradicional con un toque original. Usamos la estética del jabón de tocador ya que mi familia se ha dedicado siempre a este sector, así que los nombres de las mesas fueron olores que nos trasladaban a recuerdos bonitos. Para el seating plan, el equipo de Prados Moros hizo un bodegón con jabones artesanales de Jabones Pardo, personalizados con el nombre y el apellido de cada invitado. Además, encargamos a Laura Pérez Ballesteros un recordatorio de la boda que diseñó para nosotros con una imagen de la Inmaculada Concepción en una cara y el Evangelio de nuestra boda en el reverso».

El catering estuvo en manos de la propia cocina de la Finca Prados Moros.

«Nos gusta mucho el flamenco, así que contar con el grupo Pandetelera nos pareció una buena forma de amenizar el cóctel. Además, mis amigas del grupo Revuelo con las que llevo bailando desde que era niña, nos regalaron una actuación muy emotiva. En cuanto a la música de la fiesta, teníamos claro que queríamos que se encargase Peche de Gilca Sound ya que, desde la primera vez que le vimos en la boda de unos amigos, no teníamos dudas de que sería el DJ de nuestra boda».

Eva de Ewwati se encargó de la fotografía: «Nos encanta su mirada a través de la cámara, su amabilidad constante, su prudencia y su cuidado. Nos hicieron sentir muy cómodos desde el primer momento y nos olvidamos completamente de que teníamos dos cámaras siguiéndonos todo el rato».