La boda de Alejandra y Joaquín en Chinchón
Alejandra y Joaco coincidieron como alumna y monitor en la escuela de vela del Real Club Náutico de Madrid. De ahí surgió una gran amistad y siempre les ha unido mucho tener familia en La Coruña. Sin darse cuenta, acabaron saliendo.
Alejandra se preparó con un camisón de Zara Home y una bata que encontró en una pequeña mercería/taller de París y Justina Dubarry se encargó del maquillaje: «Me la recomendó una amiga mía y, como en la prueba me gustó tanto, también terminó maquillando y peinando a mi madre. Nunca he sido de tiaras, pero quería llevar algo en la cabeza y mi hermana tuvo la idea de poner un collar antiguo de mi bisabuela sobre el velo».
«Quise llevar joyas con historia, así que me puse unos pendientes y un anillo de mi abuela».
El vestido fue un diseño de Mónica Calles: «Mónica me dijo que esto era un ejercicio de confianza porque nunca me había imaginado de novia y tenía razón». Lo combinó con unos zapatos de Ynés Suelves.
El ramo lo hizo Elena Suárez, familia de Joaco.
Joaco se hizo el chaqué a medida en César Calvo de Mora, que combinó con una corbata de Hermès.
Su madre iba vestida de Sybilla.
La ceremonia se celebró en Nuestra Señora de la Asunción, una iglesia que da a la plaza principal de Chinchón y que en el altar tiene un fresco de Goya.
«El director de Organum es un primo de mi padre y les elegimos a ellos para el coro».
«Después de la ceremonia y siguiendo el hilo musical, salimos de la iglesia y acompañamos a los invitados hasta el autobús con la Charanga Ron y Bemol».
«Joaco y yo fuimos hasta el lugar de la celebración en un Triumph TR4 verde inglés de Garaje Montecarlo. Tienen un montón de coches clásicos para elegir».
La celebración fue en la finca Molino del Manto: propiedad de los Condes de Moreno, padres de la novia. «Siempre tuve claro que quería casarme allí ya que es un lugar muy especial para mi familia. Es una finca preciosa que lleva años acogiendo bodas y celebraciones».
«Mis suegros nos sorprendieron con Miguel Ramalleira, un grupo de gaiteros, que nos recibieron tanto a nosotros como a los invitados».
De la decoración, en un estilo muy castizo con tinajas y barro, también se encargó Elena Suárez. Los meseros los hizo Ramón Amoros, cuñado de Alejandra e ilustrador. Fueron un guiño a Galicia con un toque latino por los años en los que la novia trabajó en Latinoamérica. El seating plan lo bordó Inés de Taller de Sastre. Los quesos eran de Formaje.
El catering lo hizo El Huaso, amigos de Joaco y especializados en asados: «Desde el principio nos hacía mucha ilusión hacer algo así para la boda y el equipo de Carlos y Juan se volcó con nosotros ayudándonos en todo y haciendo que fuera facilísimo».
Alejandra se cambió a un segundo vestido que compró online a un modisto francés y a unos zapatos de Carel blancos y transparentes. «La música era una parte fundamental para nosotros. Durante el cóctel y la comida, tocó el grupo Raimon Devine and his Pearls y mi padre y yo subimos a tocar con ellos un par de temas. El DJ fue Manolo Valdés, de La Fiebre Eventos, y María Pastor (prima de Joaco y también del equipo) se encargó de que tanto la música como la iluminación fueran perfectas».
Las fotos las hizo Lucía de Si.photo, que también trabaja mucho en analógico, y Dharo Films el vídeo.