Consejos de matrimonios que llevan casados de 16 a 25 años (Parte IX)
El amor también es lo que ocurre después: cuando la novedad deja paso a la convivencia, cuando hay que aprender a ceder, a entenderse sin hablar demasiado y a seguir eligiéndose incluso en los días menos fáciles. Compartir una vida consiste en saber construir una que funcione de verdad.
En colaboración con Narciso Rodríguez,, su fragancia For Her. acompaña este recorrido por las distintas formas que puede tomar el amor con el paso del tiempo. Víctor Enrich y María Vega de Seoane, Jaime Lara y Ana Carrasco, Teresa Helbig y Chema Paré hablan desde su propia experiencia sobre lo que significa estar juntos de verdad: qué han aprendido, qué han tenido que negociar y qué hace que, después de todo, siga teniendo sentido caminar en la misma dirección.
Víctor Enrich y Maria Vega De Seoane. 25 años casados, 4 hijos.
«Víctor es mi mejor plan, nos reímos mucho juntos, nos encanta hacer planes los dos solos y tenemos muchas aficiones comunes. El respeto, la admiración el uno por el otro y los valores. Querer que el otro sea feliz es fundamental. La comunicación y hablar mucho de todo, es muy importante.
Los malos momentos que nos están tocando. Ahora con mi Cáncer estamos incluso más juntitos y nos cuidamos mucho, Victor no se separa de mi lado. Está siempre pendiente y con la suerte que tengo de lo bien que cocina, me hace mis menús sanos para llevar los efectos de la quimio más llevaderos.
Nos casamos al año de empezar a salir: lo teníamos clarísimo. Estábamos (y seguimos) locos de amor el uno por el otro….era de la pandilla de mis hermanos y le conozco desde que yo tenía 13 años.
La manera de empezar a ligar conmigo fue genial…. Me dijo ‘Imagínate que fácil: tú y yo, tenemos los mismos amigos, tus hermanos son mis mejores amigos y nuestros padres se conocen….’ Yo pensaba: este está fatal. Desde ese día no nos hemos separado más, tenemos 4 hijos estupendos, 7 perros y una familia muy feliz. Tenemos mucha suerte!».
— Victor y María
Jaime Lara y Ana Carrasco. 23 años casados, x hijos.
«Llevamos 23 años casados y 10 de novios. En total, 33 años juntos, más de media vida.
Jaime se fijó en mí cuando teníamos 16 años… porque me caí por las escaleras del colegio. Quién nos iba a decir que aquella caída iba a ser la gran lotería de nuestras vidas. Entonces no teníamos ni idea de que acabábamos de conocer a la persona con la que compartiríamos la vida y hasta Malababa.
¿El secreto? Pues yo creo que nunca hemos dejado de hablar de verdad, de reírnos juntos y de pasárnoslo bien. Seguimos siendo los mejores amigos, seguimos teniendo una química brutal y creo que eso también se cuida. La piel, los abrazos, las caricias… no dejar nunca de tocarte, de sentir cerca al otro. Es seguir siendo novios.
Hay una cosa que no ha cambiado en 33 años: yo sigo admirando a Jaime muchísimo. Mis amigos se ríen porque yo digo que él es mi “Macho Alfa”. Me da una sensación de seguridad increíble. Le he visto sacarnos de situaciones complicadas en las que yo me habría bloqueado y siempre pienso lo mismo: si mañana hubiera una hecatombe en el mundo sé que él encuentra la manera de sacarnos adelante.
Y, además, verle como padre me hace admirarle todavía más. Al final, creo que la clave es seguir siendo amigos, seguir riéndonos juntos, cuidar la química y no dejar nunca de admirar a la persona que tienes al lado».
— Jaime y Ana
Teresa Helbig y Chema Paré. 16 años casados, 2 hijos.
«Te diría que un matrimonio que perdura al paso del tiempo no se mide por las veces que todo sale bien, sino por la capacidad de seguir eligiéndose cuando la vida se pone incómoda.
El amor, como todo lo que merece la pena, necesita tiempo, paciencia, constancia, humildad, un poco de picardía y muchísimo sentido del humor. Muchísimo.
También necesita admiración. Y amistad. De esa que hace que quieras contarle primero las cosas al otro, incluso después de tantos años.
Chema y yo trabajamos juntos prácticamente desde que nos conocimos. Hay días en los que es un desafío monumental y otros en los que pienso que no sabría (ni querría) hacerlo de otra manera. Compartir tantas horas, tantos problemas y tantas alegrías nos ha obligado a aprender a escucharnos, a discutir mejor y a celebrar mucho. Sin darnos cuenta, nos ha hecho de hierro.
Y quizá ahí resida la verdadera belleza: en seguir construyendo, incluso cuando ya nadie aplaude, y de elegirse una vez, y después volver a hacerlo, con menos ingenuidad quizá, pero con mucha más verdad».
— Teresa y Chema