La Latina x Jaime Rodríguez
Quién es
Jaime Rodríguez es publicista y escritor. Cuando no escribe se dedica a su agencia creativa para restaurantes: Qchillo. Su última novela, El libro de Miguel, la escribió casi íntegra en la Biblioteca Nacional de Madrid. Además, es bastante activo en Instagram.
Qué relación tiene con La Latina
Nacido en Madrid, Jaime había vivido en Malasaña y Gran Vía, pero nunca en La Latina. Asegura que todavía se pierde entre la Cava Alta y la Cava Baja, y sigue buscando ese bar en el que te ponen el café sin pedirlo.
1. Un disco, libro o película para preparar el viaje y por qué
«Disco: 19 días y 500 noches, de Sabina. Es el Madrid de las cuatro de la mañana, de los bares que ya deberían haber cerrado y de las historias que acaban mal, pero están muy bien contadas.
Libro: El libro de Miguel, mi última novela. Lleva un mapa que recorre la ciudad, así que puedes leerla y después salir a caminarla. Y casi todo lo que pasa ocurre en La Latina.
Película: cualquiera de Jonás Trueba, que lleva años rodando por aquí. Yo diría La virgen de agosto: Madrid vacío en pleno agosto, las verbenas de San Cayetano, San Lorenzo y La Paloma, y una mujer que se queda en la ciudad cuando todos se van. Es el barrio tal cual».
2. Desayuno
«En Federal, en la plaza del Conde de Barajas, detrás de la Plaza Mayor. Es una plaza pequeña donde no pasan coches. Lo abrieron unos australianos y se nota: mucha luz, ventanales grandes y terraza. Yo pido los huevos benedictinos con salmón y un café, y me pongo a escribir en el portátil, en el móvil o en una servilleta. Más de una página de mi última novela ha salido de esa terraza. Y los huevos son UNA PASADA».
3. Aperitivo
«En la Taberna del Capitán Alatriste, en la calle Grafal. Es un palacio del XVI con cuevas, bóvedas y espadas colgadas: parece que Alatriste va a entrar por la puerta en cualquier momento. Pide los torreznos y no te arrepentirás.
Y si vienes del Rastro, tómate una caña en el Pavón, el café del teatro, en Embajadores. Mira arriba antes de entrar: el reloj histórico que tiene en lo alto del edificio es una maravilla. Y dentro siempre te encuentras a algún actor del teatro tomándose algo».
4. Comida
«Aquí tengo dos, y cada uno por una razón. Por un lado Lucio, por lo que cuentan sus paredes. Lucio Blázquez llegó de un pueblo de Ávila con 12 años, se puso a fregar platos en el Mesón del Segoviano y en 1974 abrió su casa en la Cava Baja. Por ahí ha pasado todo el mundo: el rey Juan Carlos, Clinton, García Márquez, Vargas Llosa, Almodóvar, Harrison Ford, Sabina… Lola Flores le dijo una vez que aquello no era un restaurante, sino un escenario. Y lo mejor es que Lucio sigue vivo y, si tienes suerte, lo ves al entrar.
Y Lhardy, que no está exactamente en La Latina, pero son solo unos metros. Es mi restaurante favorito de Madrid y no lo voy a dejar fuera. Abrió en 1839 en la Carrera de San Jerónimo, Isabel II se escapaba de incógnito a sus reservados y todavía hoy, al entrar, te sirves tú mismo el consomé del samovar. ¡Y sale en mi última novela!».
5. Cena
«En Alto Bardero, en la plaza de la Puerta de Moros, donde antes estaba Juana La Loca. Tienen una barra muy larga con vitrinas de pinchos que van cambiando. Están todos ricos, no puedes fallar.
Si eres de vino y quieres algo íntimo, Gozá. Sus dueños son tan simpáticos como profesionales. Pocas mesas con un ambiente ultra discreto e íntimo. De hecho me da hasta pena ponerlo aquí.
Y Toga, en Cascorro. Es un sitio pequeño, de raíz argentina, que mezcla lo italiano y lo asiático sin complejos. Pide los noodles con atún rojo y mayonesa de kimchi: son el motivo por el que va todo el mundo. Reserva, porque tiene pocas mesas».
6. Copas
«El Amante —los fines de semana después de la 00:00— es como mi segunda casa. Piérdete por allí un viernes noche y te van a pasar cosas. Seguro.
Y por supuesto, en El Viajero, en la plaza de la Cebada. Tiene tres plantas y una azotea desde la que se ven todos los tejados del barrio. Detrás están Sara Aznar y Nacho Ventosa, los mismos de Los 33, con meses de lista de espera, y de La Once Mil, la taquería con estrella Michelin que acaban de abrir en las Salesas. Es decir, los que ahora hacen los sitios a los que quiere ir todo Madrid empezaron aquí. Sube a la azotea, pide algo y quédate un rato».
7. Hotel
«Yo vivo aquí, así que no me toca. Pero si viniera de fuera, intentaría dormir en alguno de los alojamientos que dan a la Plaza Mayor. Tiene que ser increíble abrir la ventana por la mañana y tenerla delante, antes de que lleguen los turistas. Y del coche olvídate: el centro es zona de bajas emisiones y aparcar es una pesadilla. Metro hasta La Latina y a caminar».
8. Tu plan estrella
«Caminar, caminar y caminar. Sal sin rumbo, métete por la Cava Baja, sube a la plaza de la Paja, baja por la Morería y piérdete un rato. Y si te empeñas en ir al Rastro, que sea el Rastro raro. Huye de las camisetas de grupos y de las láminas cutres de la calle principal y métete en lo que está alrededor: las tiendas de muebles, las Galerías Piquer, los anticuarios. Ahí está el Rastro de verdad. Y cuando veas a un gitano con un montón de gente alrededor, acércate, que también es ahí».
9. Qué comprar y dónde
«Unas alpargatas en Casa Hernanz, en la calle Toledo. Llevan abiertos desde 1845, ya van por la quinta generación y en verano hay más de una hora de cola en la puerta. Las hacen en La Rioja, cosidas a mano, y las tienes en unos 30 colores. Pocas cosas más cool vas a encontrar en este barrio.
Algún mueble o alguna pieza rara en las Galerías Piquer o en los anticuarios de alrededor del Rastro.
Y una lámina en Los Artistas del Barrio, justo enfrente del Pavón. Venden obra de artistas de la zona, desde ilustraciones y acuarelas hasta serigrafías. Si sabes elegir, hay oro».
10. Tu descubrimiento personal
«El Palacio Real. Parece un cliché, lo sé, pero los madrileños no solemos ir. Lo tenemos tan visto desde fuera que nunca entramos, como si fuera cosa de turistas. Hasta que un día vas y te das cuenta de por qué es INCREÍBLE. Te lo dice alguien que ha nacido aquí y que ha tardado demasiado en descubrirlo».