Eva y Gonzalo se conocen desde que eran adolescentes. «A los 18 años, entre bromas hicimos un pacto para casarnos cuando fuésemos mayores» me cuenta ella. Tras pasar cada uno por diferentes etapas, ciudades y una pandemia, se casaron hace unos meses en la Iglesia de San Miguel, en Córdoba.

Para prepararse, Eva se puso una conjunto de bata y camisón de Seren Collection que le regaló una amiga y unas slippers de terciopelo de Scalpers. Sofía de Sofilook se encargó del peinado y Maica de Menchu Benítez del maquillaje.

«El día de la boda llevaba el anillo de compromiso que me regaló Gonzalo cuando me pidió matrimonio, un anillo de 1920 que compró en Alfies Antique Market en Londres, un universo de 4 plantas de ropa, muebles y joyas vintage. ¡No podía ser más yo!» me dice.

Además, ese día también se puso unos pendientes antiguos de su abuela materna, y un anillo vintage que le regalaron sus amigas por su cumpleaños, de Voluta.

El ramo siempre lo tuvo claro. «Quería solo unos claveles de color rosa empolvado. No quería nada más. Paloma de El Puentecillo me trajo tres tipos de claveles y elegimos uno a uno los que mejor iban con la gama cromática del vestido».

Eva se hizo el vestido con Mónica Calles. Un vestido romántico, fluido, años 20 y a su vez arquitectónico, de líneas rectas: «Como eran dos estilos, elegimos dos colores diferentes para diferenciarlos. Me paseé por los mercadillos de Londres buscando tesoros y todo lo que recolecté se lo llevé a Mónica». Le pusieron unos apliques que compró en Frock Me! Vintage Fair color champagne y plata, recortes de un vestido inglés vintage, y los colocaron en las hombreras, «como los suelen llevar los toreros españoles».

Las invitaciones las hizo a mano la propia novia. «En mi tiempo libre diseño papelería de boda en Bavelier, una forma con un estilo romántico, clásico y artesanal. Para mis propias invitaciones quise reflejar el estilo andaluz del sitio donde íbamos a hacer la celebración, manteniendo la esencia de las invitaciones tradicionales enviadas por carta».

A los testigos les mandaron una carta, también hecha a mano por la novia.

Se casaron en la Iglesia de San Miguel, en Córdoba. La decoración de la puerta la hizo Andaluflor, con ramas de árbol y flores otoñales.

Los niños llevaban unos abrigos con capa de Mimaandme, estilo british con unos sombreros colegiales de fieltro.

Para la celebración eligieron el Castillo de la Monclova, a medio camino entre Córdoba y Sevilla. «Hizo un día espectacular, disfrutamos de un solazo de noviembre en el aperitivo frente al Castillo. La comida fue en el patio, bajo un enjambre verde y buganvillas, en el que se nos hizo de noche. Fue mágico verlo con las velas encendidas. Todo muy andaluz y romántico a la vez».

El seating, al igual que las invitaciones, también lo hizo la novia todo escrito a mano.

«Para los meseros recolecté diferentes flores y las sequé durante semanas en varios libros en Londres, las pegué una a una en papel de algodón y las trajimos a España» me cuenta.

De la decoración del sitio se encargó Orangerie. Pusieron unas mesas muy divertidas y diferentes, con bodegones de diferentes tamaños, unos candelabros y unas copas que se trajo Eva de Portobello, flores a diferentes alturas y frutas de temporada: calabazas rellenas de claveles, margaritas entre racimos de uvas, perfectas granadas cortadas, berenjenas, limones, inmensos membrillos…

El Catering fue Bodegas Campos de Córdoba. «Su calidad es incuestionable y su trabajo impagable» me confirma Eva.

Para el baile eligió la canción “Tuyo y Mío” de Camilo. «Lloré de emoción al ver la cara de mi padre al bailar con él, y luego al sentir la letra de esa canción con Gonzalo. Será un recuerdo que guardaré siempre».

Para la barra libre contaron con el dj Quike AV: «Fue un acierto total, hizo que fuera una boda súper divertida y que no paráramos de saltar. Los amigos tuvieron mucha culpa también».

Fotografías de Mercedes Pérez.

Video de Querida Catherine.