Teresa y Manuel llevaban vidas muy diferentes en dos ciudades muy distintas. Ella dentista en Lisboa, y él consultor en Londres. Hasta que llegó el Covid y Manuel tuvo que volver a teletrabajar a Portugal. Durante ese tiempo se vieron en un par de bodas. Un año después Manuel le pidió matrimonio durante un viaje. «Y ahora aquí estoy, casada con el amor de mi vida» me dice Teresa.

Del maquillaje de la novia se encargó Sara Fonseca.

Para estar cómoda, la novia se puso una bata de corazones rosas de Mariana Sousa que la diseñadora le regaló en una de sus pruebas del vestido de novia. En los pies se puso unas zapatillas de ante de Svetie Stefan.

Teresa decidió llevar el pelo suelto y una diadema de oro blanco y diamantes de su abuela paterna con mucho valor sentimental que han utilizado muchas mujeres de su familia el día de su boda: «Decidí utilizarla como tiara para la ceremonia tradicional de la iglesia, y más tarde, en la fiesta, me lo puse como un collar». Los pendientes eran de su abuela materna.

«Mi vestido de novia fue hecho completamente con un mantel de lino de mi abuela Mariazinha», me confiesa. Una tela muy antigua, bordada con motivos florales con el que hicieron una combinación de dos piezas. Ambas fueron diseñadas por Teresa y Mariana Sousa, una diseñadora que trabaja entre Lisboa, Madeira y Brasil. El top de seda tenía unos bordados diseñados por Teresa con significado y detalles que representan lo que son como pareja. La falda estaba hecha con el resto del mantel.

Llevó un rosario muy antiguo que perteneció a una monja que vivió toda su vida en el Vaticano y se lo regaló una gran amiga de la familia.

El velo, de Ynésuelves y La Beltraneja, es una pieza única, dibujada y bordada a mano. «Pasaba de dibujos de hojas y plantas en la parte inferior, que simbolizan la tierra y la realidad, a los símbolos del aire en el centro, como las mariposas, y finalmente a las estrellas, los planetas, el sol y la luna en la parte superior», explica.

Los primeros zapatos que llevó Teresa los vió en el taller de Ynésuelves, que los había diseñado para un desfile en colaboración con ByCulto. «Curiosamente, los zapatos eran de mi talla y me quedaban como un guante. Tanto Ynés como yo nos miramos y dijimos: estos estaban destinados a ser míos/tuyos».

Se casaron en el Castillo de Sesimbra frente al mar, en la iglesia de Santa Maria do Castelo.

La celebración fue en la finca de unos amigos de la familia.

El novio utilizó dos trajes. Para la ceremonia llevó un chaleco de doble botonadura en color crema y un pantalón de rayas de un solo pliegue de una sastrería tradicional de Chiado, que combinó con una corbata Glenan Twillbi de color burdeos de Hermes.

El segundo traje del novio, de lino con mangas napoleónicas y pantalón de un solo pliegue, fue confeccionado especialmente para la ocasión en una sastrería de Lisboa llamada «Oficina Mustra«. Los zapatos eran unos sencillos y clásicos Crockett & Jones negros.

Toda la decoración la pensó toda la misma Teresa con unas amigas. Las ilustraciones las hizo Marta Seixas.

«Tuvimos una banda de «roda de samba» brasileña durante el cóctel. Nos encanta ese tipo de música, es muy divertido y genial para bailar. Los invitados se divirtieron mucho» me cuenta.

Tudo Bom Banquetes fueron los encargados del catering.

Para la fiesta Teresa se puso otra falda hecha también con tela del mantel, un top de seda y unos zapatos estilo punk de Miu Miu.

El Dj de la fiesta fue Gonçalo Maria. «Nos encanta su trabajo y estábamos súper contentos de que pudiera venir. Kiko Heredia preparó un escenario alrededor de la mesa del Dj, con hinchables y flores iluminadas que parecía sacado de un cuento de hadas».

Fotos de Simão de Castro Pernas.

Video de Marta Pelágio.