Cris y Jano coincidieron por primera vez en una boda hace años, pero no fue hasta más adelante cuando decidieron darse una oportunidad. Finalmente decidieron casarse el pasado junio en la finca familiar de la novia en Sevilla.

Para el maquillaje y peinado Cristina contó con Manuel Cecilio, quien optó por tonos muy naturales, dejando todo el protagonismo a un moño de bailarina decorado con una cadena y apliques.

La selección del vestido la tuvo clara desde el principio: “Siempre me ha gustado todo lo que hacen Sol y su madre Mercedes en TBa. Hace dos años, Sol empezó TBa Brides y supe desde el primer momento que serían ellas las que diseñarían mi traje. De hecho, lo primero que hizo mi madre cuando contamos la noticia, fue llamarles para que me guardaran un hueco”.

A la madre de la novia y la hermana, sin embargo, las maquilló y peinó Eva Romero.

“En las pruebas lo pasábamos genial, se me hacían cortísimas. Para mi fue uno de los mejores momentos de la organización” cuenta la novia.

El ramo se lo hicieron en Verde Oliva: “Sabía que lo quería en tonos verdes y blancos, con flores de temporada. El día antes fui con mi hermana, y allí, Isaac, el dueño, y el resto del equipo lo montaron».

Cristina llevó el anillo de pedida y unos pendientes vintage con historia: “Se nos escaparon un par en una subasta. Estábamos a dos semanas de la boda y no encontrábamos ninguno, hasta que un día, dando un paseo con mi madre, entramos en Vintage Macassar ¡y ahí los vimos!”.

Se casaron en Utrera, Sevilla, en la Iglesia de Santiago, muy especial para la familia de la novia.

Los niños iban vestidos de Marta Ussía.

Cristina nos cuenta que el emplazamiento “no era negociable”. Lo celebraron en el campo familiar, donde se han casado ya muchas tías y primas suyas, y donde han tomado la comunión todos sus primos.

A-típica se encargó de toda la decoración, ya que conocen a Cristina desde pequeña: “fue un acierto, lo dejaron todo espectacular”.

Alda y Terry fueron los encargados del catering y de la merienda que quisieron dar a los invitados. También pusieron un puesto de pizzas de Ulivo “que estaban buenísimas”, nos asegura la novia.

Confiaron la música a la banda Paul & The Wolves, que tocaron en el aperitivo. Después del almuerzo, el DJ Nacho Barrero de ICON Experiences se encargó de darlo todo y entretener a los invitados. “Fue divertidísimo desde el principio, y eso que a mí me daba miedo tantas horas de luz por delante. Nos casamos en junio a medio día, y animar la fiesta podía ser complicado” nos cuenta Cristina, que asegura, no defraudó.

Para la ceremonia, la novia se hizo unos zapatos que se cambió después del baile por unas Castañer que le regalaron sus amigas el día de la pedida. “Con las alpargatas aguanté toda la noche, son comodísimas” asegura.

De la fotografía se encargó Mónica Ortega y Lucía Cherubina, y el equipo de Javier Sancho, del video Emotion Films.