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Mi primer vestido largo fue una especie de túnica azul marino que me diseñó Helena Mareque para una fiesta a la que me habían invitado. A pesar de que, en ciertas fotos, parecía Monserrat Caballé me sentí cómoda con él y siempre que he podido lo he reciclado. Me recuerda un poco a esta bata de Namur, que ha fotografiado Álvaro de Chachacha Photo y que bien podría ser un vestido de novia. Me parece que las túnicas permiten una sensación ligera y despreocupadas sin dejar de resultar elegantes, puede que, de casarme, lo hiciera así.
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