Que no le importe el tabaco.

Que no se blanquee mucho los dientes como si fuera Chayanne. Que no se depile las cejas, por favor, ni se dé rayos. Que no se arregle más que yo.

Que si hace dietas o ve Girls, no me lo cuente.

Que no pierda más de quince minutos en desarrollar lo que ha visto si ha ido de compras.

Que no se le ocurra ‘snobear’ con los sitios para cenar, porque nada me gusta más que un bocadillo de calamares en la Plaza Mayor y además detesto la gente que va con muchas exigencias absurdas al camarero.

Que no diga frases como «a esa me la hacía» delante de otra mujer (y ya de paso detrás tampoco).

Que si ganó un premio de pequeño no lo recuerde cada vez que pueda.

Que no se raje en mitad de un plan loco porque hay que madrugar. Que sea todoterreno.

Que siempre tenga tiempo para hablar por teléfono y le guste tener conversaciones en la cocina a medianoche.

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Que tenga un punto medio entre ser un pedante y un necio. Que sea listo sin ser complicado.

Que no sea soberbio. Que deje ganar alguna vez.

Que no hable de ‘tías que son viejas’ porque quedará en evidencia su estupidez, como si él no fuera a serlo algun día.

Que no tenga Tinder.

Que no baile como si fuera Bisbal. Sobre todo si no está seguro de que su entorno esté preparado para verlo.

Que no hable de dinero.

Que no regañe a nadie por decir palabrotas, al final cada uno es como es y baja las escaleras como puede, coño.

Que tenga una foto de perfil normal, en la que no se crea muy guapo.

Que meta la pata.

Que cargue conmigo cuando ya no pueda más y no se queje más que yo.

Que se ría de mí. Que no le importe un poco hacer el ridículo.

Que lleve una colonia que nunca se olvide y no precisamente por su intensidad.

Que cuente historias graciosas y no se haga mucho el misterioso.

Que corra con una camiseta vieja de propaganda y unos pantalones de fútbol antes que con un total look fluor apretadito.

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Que no piense que prefiere a los perros antes que a los niños.

Que no diga «no leo porque en el trabajo ya leo mucho».

Que le gusten las tardes de vinos en una terraza, La Conjura de los Necios, M. Ward o Mr. November.

Que no chismorree en exceso, ni me hable de moda como un experto.

Que tire por tierra todos los prejuicios de este post y me haga comerme mis palabras con su carisma.

Y sobre todo, sobre todo, que no le guste hablar de bodas.